Hacia la nueva y espectacular generación de lentes de contacto

Imagine una lente de contacto que se autoenfoque en unos milisegundos. Eso podría cambiar la vida de las personas con presbicia (vista cansada), una falta de flexibilidad del cristalino que suele aparecer en la mediana edad y que reduce la capacidad de enfocar objetos cercanos.

La presbicia afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el mundo, la mitad de las cuales no disfrutan de una corrección adecuada. Y si bien las gafas, las lentes de contacto convencionales y la cirugía proporcionan alguna mejora, estas opciones suelen implicar una pérdida de contraste y sensibilidad, así como dificultades añadidas con la visión nocturna.

El equipo de Hongrui Jiang, de la Universidad de Wisconsin en Madison, Estados Unidos, trabaja en el diseño de lentes de contacto que se ajustan continuamente y de forma concertada con la córnea y el cristalino de cada usuario para dotarle de una capacidad visual tan buena como la típica en la juventud.

Para ello se han inspirado en un pez que vive en aguas fluviales llenas de barro y que sobrevive a base de ser capaz de detectar a los depredadores pese a la turbidez del agua, gracias a una retina que posee una forma única. La retina es la parte del ojo que captura la luz. Jiang y sus colaboradores examinaron la estructura retiniana del pez a fin de obtener ideas clave para el diseño de una lente de contacto que puede ajustar su enfoque.

El proyecto precisa la superación de diversos retos de ingeniería. Entre ellos, diseñar la lente, sensores accionados por algoritmos, y circuitos electrónicos en miniatura que ajusten la forma de la lente, creando además una fuente de energía, todo ello implantado en un material blando y flexible que encaje sobre el ojo.

El diseño de los sensores ya está decidido y es el rasgo principal del diseño inspirado por el citado pez.

Estos deben ser extremadamente pequeños y capaces de adquirir imágenes bajo condiciones de escasa luz, así que tienen que ser lo bastante sensibles a ella. La retina del citado pez tiene una serie de estructuras profundas en forma de copa con paredes laterales reflectantes. Ese diseño ayuda a recoger la luz e intensificar las longitudes de onda particulares necesarias para que el pez pueda ver. Tomando prestada esta idea de la naturaleza, los investigadores crearon un dispositivo que contiene miles de colectores de luz muy pequeños. Tales colectores tienen protuberancias de cristal parecidas a dedos, cuyo interior es como copas profundas recubiertas con aluminio reflectante. La luz entrante incide en los dedos y después es enfocada por las paredes laterales reflectantes. Jiang y su equipo probaron la capacidad de este dispositivo para mejorar las imágenes capturadas por un modelo mecánico de ojo diseñado en un laboratorio.

Un prototipo de las ambiciosas lentes de contacto que esté listo para ensayos clínicos podría estar aún a 5 o 10 años en el futuro, tal como advierte Jiang. Sin embargo, una vez que esté disponible, podría no costar mucho más que las lentes de contacto convencionales.

Información adicional

Fuente:
NCYT Amazing

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